Ray Caesardomingo, 3 de mayo de 2009
Mandato
Ray Caesarviernes, 6 de marzo de 2009
6 de marzo vs 13 de diciembre, y tú con tu abrigo rojo

Hora punta. Caras de disconformidad, preocupación, tedio, sueño... Y tú con tu abrigo rojo, mirada al frente y pequeños pasos que no pasan desapercibidos. Respiras hondo tratando de controlar la marea de emociones que se adueñan de tu pecho. Paras en un semáforo, miras a tu alrededor y por un momento te das cuenta de que no estás sola, de que unas cuantas personas te rodean. Sales de tu ensimismamiento, explotan los sonidos a tu alrededor y piensas: “no sabemos nada los unos de los otros e imaginar de qué poco sirve: en el 90% de los casos nos equivocaríamos” Te veo mirar al cielo y tu expresión cambia. Hoy es un día complicado. Mucho. Pero a ti no se te ocurre otra cosa que pensar que es un día precioso para hacer lo que te dispones a hacer -frío y sol, la combinación perfecta- a pesar de que en unos minutos vas a cerrar un ciclo, tendrás que verle y será una fecha que nunca anotarás en un calendario pero que recordarás siempre... E inevitablemente enlazarás pensamientos y recordarás aquel 13 de diciembre en el que desde la ventanilla del coche sonreíste a aquella niña que, pegando la nariz al cristal y soñando con ser algún día también princesa, te saludó efusivamente mientras agarraba nerviosa la ropa de su madre. Pasarán los años, tu vida ya será otra vida, pero en algún momento a lo largo del día los recuerdos te asaltarán por sorpresa y recordarás que vuelve a ser 6 de marzo, como aquel soleado día...
Hoy el gozo pisa tu pena porque anoche se te encogió el alma. Tu hermana te llamó y la contestaste serena, en tu línea últimamente, pero al colgar las manos te temblaban tanto que tuviste que apoyarlas sobre tus rodillas. Porque sí, porque eres así, porque lo intentas pero hay situaciones que te superan, hay personas que son tan tuyas que no concibes que algún día puedan no estar a tu lado... Y es que el miedo es un cabrón y se encarga de recordártelo.
Y ahora te veo sentada en esa silla. Le coges la mano y se la besas tratando de evitar la incómoda vía. Apoyas tu cabeza sobre ella y todo lo demás deja de ser importante... Porque orgulloso lucía a tu lado aquella tarde de diciembre en que una niña soñó con ser tú algún día, y orgulloso te besó esta mañana cuando apareciste por esa puerta con la mejor de tus sonrisas, contenta a pesar de acabar de firmar una sentencia de vida que hace meses te pareció de muerte... Porque estás a su lado y eso es suficiente, además de que te hace reír como nadie con esas cosas que son tan suyas.
jueves, 12 de febrero de 2009
Sí, pero de naturaleza etérea

Comenzó a avanzar por el largo pasillo. Ya no adelantaba un pie parando cuando el otro llegaba a la misma posición, ni sintió un escalofrío cuando la luz que entraba por los ventanales del largo recorrido dibujó espectrales luces y sombras que se cruzaron en su camino. Ninguna de esas sombras se le apareció con forma humana. Tampoco tanteó la pared buscando esa llave que le devolvería la luz –y por lo tanto, la tranquilidad- con la ansiedad de antaño. Miraba su objetivo, la puerta al final del pasillo, sin preguntarse nada sobre la oscuridad, los ruidos o la ausencia de personas cerca. Nada. Su mente era una balsa de aceite, y su cuerpo avanzaba con paso firme, taconeando y deleitándose con el sonido de sus pasos sobre la vieja tarima. Crujía... sí, ¿y qué? Deliciosa melodía que ponía banda sonora a su recién estrenada valentía.
Les miraba sin inmutarse, con pausa, con tranquilidad, preguntándose por qué ahora veía a los otros como lo que eran, como lo que habían sido siempre: cuerpos que sobrevivían bajo el peso de unas almas que, a ratos, les atormentaban. Vio ceños adornados con el frunce de una vida de miedos, ilusiones frustradas, envidias, añoranza, esperanza, dolor... vio surcos de sufrimiento y entendió que los rostros son únicos, pero no por su estructura, ni por las facciones, sino porque las experiencias vitales hacen mella en nuestra psique, y es así como lo compartimos con otros, permitiendo a nuestro rostro hablar por nosotros, decir aun estando callado. Y sus cejas no se alzaron ni sus ojos se entornaron: relucía tersa como nunca.
Ahora, cuando anda, nota el suelo bajo sus pies... aunque de cuando en cuando se rebela y hasta se permite caminar unos pasos de puntillas.
sábado, 31 de enero de 2009
Mudarse de casa/ Mudar la piel...
Sábado mañana: he salido –paraguas y cámara en mano- a recorrer las calles aledañas a mi nuevo hogar. Me ha llevado unos días, pero al fin logré convertir una fría casa en un acogedor hogar. ¡Brindo por ello! Sonriente, con un gorro calado hasta las cejas y mirada de exploradora, he caminado mirando al cielo y preguntándome por qué anunciaban lluvias torrenciales cuando he tenido que cargar el paraguas y sacar las gafas de sol. Este era mi cielo hoy:

Me he topado con verdaderos tesoros. A un ser como yo, no podía faltarle una tienda como esta: Pura Magia... ¡y con escoba y todo!:

Ni un lugar que huele a café, té y chocolate:
Una librería antigua en cuyas estanterías se apilan montones de libros usados sin orden ni concierto más que para quien la regenta. Que huele a libro viejo, y a historias, y a personas con inquietudes:



Una librería nueva en la que encontrar libros en versión original (en el escaparate Artemis Fowl: The Graphic Novel, leída en castellano aunque no descarto leerla en inglés. Artemis Fowl, una suerte de adolescente mafiosillo que tiene que vérselas con las nuevas tecnologías de los seres mágicos... Una serie de 5 libros que disfruté de principio a fin... ¡Tiembla, Harry Potter!
Verde floristería frente a la que pararse y preguntarse qué clase de planta es esa o cuál puede ser su esperanza de vida teniendo en cuenta que siempre olvido regar la única planta que adorna mi casa... (He de decir que ella es yo. Cuando estoy decaída o me autocastigo cuidándome menos, olvido regarla. Y sus hojas comienzan a caer lánguidas al mismo ritmo que yo pierdo peso o crecen mis ojeras... Aunque como su dueña, es fuerte y resistente: media jarra de agua y al cabo de las horas sus hojas vuelven a resplandecer. Metro y medio de planta: no está mal)

Bailo fatal. Creo que mi timidez no casa con el desparpajo. Nunca fui una niña de las que bailoteaban sin cesar, más bien, me asomaba entre las piernas de mi madre y sentía vergüenza ajena (además de un poco de envidia), cuando veía a otras niñas hacerlo. No obstante, si me animara, no me faltaría un lugar en el que “deslumbrar” con mi lenguaje corporal:
Como curiosidad, un comercio dedicado única y exclusivamente a la vida marina. Me temo que esa pequeña tienda se extiende hacia dentro, como por arte de magia, y alucinaría a quien la visitara. ¿Quién puede ver negocio en una tienda así? Aunque no creo que haya demasiadas...
Y por último mi edificio, construido en 1929. Me da que alguno de los vecinos son de la quinta... Y me tranquilizó el casero cuando me dijo: “no, esta parte de la casa está totalmente rehabilitada... se encontraron grietas de tal tamaño que dieron 3 minutos a los vecinos para desalojar y derrumbar toda esta zona. Si se cae algo, es del patio hacia el otro lado...” Encantador mi casero. 
Y yo, reencontrándome conmigo misma y disfrutando de este maravilloso barrio y de esta nueva casa, que aunque levantada mucho antes de que yo naciera, estaba esperándome.
